La expedición Franklin: el misterio de los 129 hombres perdidos en el Ártico
En 1845, dos barcos considerados avanzados partieron de Inglaterra para encontrar el Paso del Noroeste. A bordo viajaban 129 hombres. Ninguno regresó y durante décadas el Ártico fue devolviendo pistas de una tragedia extraordinaria.
Una expedición preparada para hacer historia
Sir John Franklin, veterano explorador naval, dirigía el HMS Erebus y el HMS Terror. Ambos habían navegado en regiones polares y fueron reforzados para resistir el hielo. Llevaban calefacción, grandes reservas de alimentos y motores auxiliares de vapor.
El objetivo era atravesar el laberinto de islas y canales del norte de Canadá y completar una ruta marítima entre el Atlántico y el Pacífico. En julio de 1845 dos balleneros vieron por última vez a la expedición en la bahía de Baffin.
Los barcos quedaron atrapados
Las primeras evidencias indican que la tripulación pasó el invierno de 1845-1846 en la isla Beechey, donde murieron tres hombres. Después, los barcos avanzaron hacia el sur hasta quedar inmovilizados por el hielo cerca de la isla del Rey Guillermo en septiembre de 1846.
Franklin murió el 11 de junio de 1847. En abril de 1848, los supervivientes abandonaron las naves e intentaron alcanzar a pie el territorio continental. La única comunicación escrita encontrada, conocida como la nota de Victory Point, resume aquellos acontecimientos con una frialdad estremecedora.
La búsqueda que cambió el mapa del Ártico
Al no recibir noticias, Gran Bretaña organizó numerosas expediciones de rescate. Exploradores británicos, estadounidenses y canadienses recorrieron costas desconocidas, trazaron mapas y recogieron objetos. Los testimonios inuit fueron decisivos, aunque durante mucho tiempo no recibieron la atención que merecían.
En 1859, Francis Leopold McClintock encontró la nota de Victory Point y restos de la marcha hacia el sur. La esperanza de hallar supervivientes se transformó en la reconstrucción de un desastre.
¿Qué causó la tragedia?
No existe una única causa. El frío extremo y el hielo impidieron mover los barcos durante años. El escorbuto, la desnutrición, las enfermedades y el agotamiento debilitaron a la tripulación. También se ha estudiado una posible exposición al plomo procedente de tuberías y alimentos enlatados, aunque su importancia exacta continúa discutiéndose.
La decisión de abandonar los barcos obligó a transportar embarcaciones y suministros por un terreno terrible. Incluso hombres entrenados tenían pocas posibilidades de sobrevivir sin conocimientos locales suficientes.
El Erebus y el Terror aparecen
El misterio cambió en el siglo XXI. En 2014 se localizó el HMS Erebus y en 2016 el HMS Terror, ambos en aguas canadienses. Los hallazgos confirmaron el valor de la tradición oral inuit, que había conservado información sobre la ubicación de los barcos.
Las investigaciones submarinas continúan. Los pecios, protegidos y sorprendentemente bien conservados por el agua fría, pueden revelar cómo vivieron los últimos meses a bordo y qué ocurrió antes del abandono.
Preguntas frecuentes sobre la expedición Franklin
¿Hubo supervivientes?
No se conoce ningún miembro de la expedición que lograra regresar. Algunos testimonios inuit sugieren que grupos pequeños sobrevivieron durante cierto tiempo tras abandonar las naves.
¿Se practicó canibalismo?
Marcas observadas en determinados huesos humanos apoyan que, en una fase extrema, algunos supervivientes recurrieron al canibalismo. Es una conclusión forense sobre una situación límite, no un elemento para convertir la historia en espectáculo.
¿Por qué tardaron tanto en encontrar los barcos?
El área era inmensa, remota y cambiante. Además, durante mucho tiempo se priorizaron hipótesis occidentales frente a las indicaciones transmitidas por comunidades inuit.
La expedición Franklin no es solo un misterio marítimo: también es una lección sobre los límites de la tecnología, la importancia del conocimiento local y la fuerza del Ártico.
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